Epilogo:

Tus miedos se hicieron realidad, la tormenta te lo arrancó de los brazos. A él lo consumió el agobio, mientras a ti te devoraba el amor. Cruzaste Bogotá buscando su mirada entre todos los ojos. Él también cruzaba la ciudad, pero con la vista nublada por el dolor. Llevaba esa mirada de quien ya no puede más. Alguna vez, Alejandro te dijo: "Necesito un respiro de esta ciudad". No supiste a qué se refería… hasta ese día. Hasta hoy.

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